[2017/06/19 – Vereda El Cedro] Descendiendo la loma me crucé a Don Angelino Salinas quien subía a lomo de burro hacia el páramo. Las estéticas e ideas impuestas por el estúpido ‘desarrollo’ me han hecho dormitar en mis supuestas civilidad y urbanidad y aún me hacen lento para anticipar que la sabiduría puede venir montada en burro y debajo de ropas diferentes a las mías.

 

Abordé a don Angelino para preguntarle en dónde me encontraba; él detuvo su burro, levantó su sombrero para saludarme, me orientó y además se tomó unos minutos para contarme cómo las lluvias han sido una bendición para la región. Le han devuelto su color y vida. Esta no fue su única luz sobre el color, cuando le pregunté si podía tomarle una foto me respondió diciéndome “claro, si es que vivimos en el mismo país” y mágicamente agregó que no podíamos seguir siendo un territorio donde la gente no se ayudara, se distanciara por sus diferencias o se matara por uno u otro color. Alcancé a comprender que sus frases estaban influenciadas por la violencia bipartidista del país y que su papá había sido radical por uno de los dos colores, pero don Angelino se reservó admitir si había sido radical del azul de los conservadores o del rojo de los liberales.

 

Tras verlo levantar su sombrero para despedirse y arriar su burro para retomar su camino hacia el páramo, me quedé pensando en las palabras de este sabio burronauta. Inicialmente pensé en lo lejana que parecía esa época de odio fundamentado en dos colores, pero horas más tarde entré a revisar Facebook y me di cuenta que la violencia del pasado re reescribe con otras tonalidades. Hoy, incluso en nuestros entornos más inmediatos, vivimos la violencia fundamentada en el color. ‘Aparentemente’ ya no es por lo bipartidista de lo godo o lo cachiporro, pero sigue siendo política y oportunista; ‘aparentemente’ ya no es por lo rojo o lo azul pero para algunos lo es por lo albiazul, lo cardenal o lo verdolaga; ‘aparentemente’ ya no es por lo blanco y lo negro, pero sí, lo sigue siendo en diferentes escalas. El radicalismo monocromático incluso hace prevalecer la violencia en contra de una bandera arcoíris.

 

Obviamente no soy ajeno, soy monocromático en ciertos aspectos, y eso me hace pensar que el burro no es el transporte de Don Angelino, el burro soy yo y muchos como yo con estéticas impuestas y autoimpuestas. Que no se nos suban los colores al rostro aparentando ser ajenos al tema del odio y los diferentes tipos de violencia que genera en torno a nosotros.

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